Misiones: El día que la democracia, una vez más, lloró

Primera parte de una serie de crónicas, pruebas e informes referidos a la represión contra trabajadores y trabajadoras de Misiones, ocurrida el 5 de marzo en Garupá, Misiones. "No reprimimos la protesta social, porque privilegiamos la vida" (Cristina Fernandez de Kirchner, 2010).

Por Sergio Alvez (*)


“Oíd, mortales, el grito sagrado, libertad, libertad, libertad”. La multitud, compuesta por trabajadores estatales, municipales, docentes, desocupados y jubilados, canta el himno, aferrada a una bandera argentina que atraviesa la ruta de punta a punta. Enfrente, efectivos de Gendarmería Nacional, de la Policía provincial, del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), de la división de canes y caballería policial, Bomberos de San Isidro, y decenas de efectivos camuflados como civiles, avanzan. La orden ya está dada. La represión es inminente. Avanzan. Una muchedumbre de mujeres con niños huyen por un costado de la ruta hacia un trillo. Otro grupo escapa hacia el otro costado de la ruta, rumbo a un arroyo. Los manifestantes que se quedan se unen en una sola columna horizontal sujeta de sus brazos, y siguen cantando. “Y los libres del mundo responden, al gran pueblo argentino ¡salud!, al gran pueblo argentino, ¡salud!”. Por uno de los carriles de la ruta, encabeza el embate la Gendarmería. Por el otro, la Infantería. Los perros, nerviosos porque el asfalto caliente les quema las patas, muestran sus dientes. Los efectivos con escudos parecen mimetizados con los perros: se los ve rabiosos y ávidos de atacar. Hace apenas tres meses han recibido un aumento del 35% en sus sueldos por parte del gobierno provincial. Los que reclaman mantienen cortada la ruta nacional 12 desde las 7.15. Es un hito histórico: por primera vez se han unificado solidariamente en una medida similar, sectores estatales, docentes y organizaciones sociales de desocupados. Piden lo mismo que hace unos meses pedían -también cortando el tránsito y acuartelándose- quienes ahora se aprestan a reprimir.

Los caballos relinchan. Sus jinetes policiales, torpemente se aproximan también a la columna de trabajadores. Los uniformados ya se han quitado la identificación reglamentaria: ya pueden reprimir desde el anonimato. Avanzan. La distancia es cada vez menor. Pese al pánico generalizado, los trabajadores en lucha se abrazan y cantan más fuerte. “Coronados de gloria vivamos”. Ya no queda más que unos diez metros de distancia entre las fuerzas que avanzan y la columna de trabajadores y docentes. Un policía del GOE, encapuchado al estilo Robocop, comienza a provocar a los que cantan el himno. Es curiosa la postal: el mastodonte, con hambre de golpear, se coloca justo enfrente de Graciela Franzen, una sobreviviente de la dictadura cívico militar y uno de los máximos símbolos de coherencia en la lucha por los derechos humanos en Misiones. A cargo de la Gendarmería Nacional, el oficial de bigote hitleriano, Pyñeiro, que hace menos de una hora aseguró a viva voz “no vamos a reprimir”, da la orden final.

“¡Oh juremos con gloria morir, oh juremos con gloria morir!”. La última estrofa, en las gargantas de los trabajadores y maestros convertidas en una sola voz, preanuncia el desenlace que minutos atrás el gobernador de la provincia de Misiones, y su ministro de gobierno, valiéndose de una jueza federal “nuevita” y designada a dedo, pre configuraron en despacho. Entonces la furia uniformada procede. Van al choque, de un lado Gendarmería y del otro el GOE e Infantería. Los policías, en tanto, se van filtrando en la masa, para golpear y detener. Los Bomberos hacen lo suyo con la manguera directa al rostro de los trabajadores. Vuelan ráfagas de gas lacrimógeno al por doquier. Los manifestantes de la margen derecha se han sentado en son de paz. Poco parece importarles a los efectivos, que los pisotean, patean, reparten bastonazos y exhiben con suficiencia su capacidad para golpear y detener a ciudadanos indefensos, sin más armas que la dignidad. Los que logran escapar son perseguidos por los costados de las banquinas. Las fuerzas arremeten con toda humanidad que se les ponga enfrente, pero queda en evidencia que han seleccionado a quién detener. Van directo por los secretarios generales de ATE y CTA: Nora Dedieu y Jorge Duarte. Por los líderes primero, como en la dictadura. Ahora cazan y aplastan contra el suelo con sus rodillas y entre tres efectivos, a Alejandro Fidela, secretario general del Sindicato de Peones y Estibadores del Mercado Central. Ya lo conocen: en noviembre pasado han sido detenidos y torturados tres delegados de este sindicato, en la comisaría 11 de Posadas, por el simple hecho de organizarse y reclamar salarios dignos. Es el mismo motivo por el cual reprimen ahora, en la ruta 12. Los patrones no pueden quejarse, el trabajo represivo es impecable. La ruta ahora está despejada. Los móviles se llevan a las 20 personas detenidas, entre ellas quien esto escribe. Desde la parte trasera de una camioneta policial, donde nos han arrojado a cuatro personas, entre ellas el docente y militante de la CCC Víctor Ronsefeld –que no puede hablar del dolor que le ha provocado el haber sido arrastrado y golpeado por casi cien metros– alcanzo a ver una postal que lo dice todo. La gran bandera argentina yace en el suelo, y las botas en retirada no hacen más que pisotearla.


(*) Periodista de Revista Superficie, Prensa de ATE Misiones y Colaborador de Sudestada.

2 comentarios:

María Del Mar (aceptando mi nombre) dijo...

Toda mi admiración al periodista que escribió esta crónica. Es increíble, cada vez que entro a esta revista, entro en un mundo completamente diferente al que pintan.
Esto si que es periodismo.
Gracias.

Julieta Ojam dijo...

Excelente crónica! Los felicito!Y sigan compoartiendo esta información casi invisible para la mayoría.

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